Últimamente, el letargo no se quiere apiadar de mi. Me tiene confundida y desorientada, e incapaz soy de mantener los ojos abiertos más allá de las doce de la mañana.
A veces pienso que es por mi estado anímico, que también últimamente roza la línea entre negativo y positivo. Lo único que yo, en contrario que otras personas que se creen que viven en una película con una banda sonora triste de fondo, no tengo porque mostrarlo ni exagerarlo hasta la saciedad.
Si hay algo que debéis saber de mi es que no me gusta llamar la atención. Por eso tengo un blog, ¿no? Para que nadie lo lea. Para que nadie se apiade. Para que nadie me toque los huevos con sus consejos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario