Pero, ¿qué pasa si no tienes nada que contar, como hoy? Bueno, miento, sí que tengo. He suspendido (nuevamente) un examen de matemáticas. Es el segundo consecutivo y el segundo en toda mi vida. No entiendo al profesor, de verdad. Tampoco entiendo porque cuando creo que lo entiendo me equivoco, nunca me había pasado. Y tengo unas ganas asesinas hacia él, creo que disfrutaría con su muerte, retorciéndole el cuello leeenta y dolorosamente hasta que hiciera caput.
Luego lo echaría a los cocodrilos. O a los caníbales. No sé, aún tengo que pensarlo.
Y ahora, me tocan las narices con los mensajes del skype, que son puramente spam. Le llamo hijo de perra y después me viene lloriqueando que porqué le he llamado eso, que le he hecho daño a su fibra más interior existente. Anda y que se joda, por tocapelotas.
Y con esto y un bizcocho...
el eterno caminante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario