Tampoco puedo hablar como si nunca leo en mi vida, porque también mentiría; me gusta leer el periódico de vez en cuando, ensayos históricos, mis partituras, la propia Wikipedia... Pero he tenido ciertos problemas con las novelas. Me alejo de ellas, o me alejaba, no sé como decirlo. Pero ahora, en la adolescencia, que es por excelencia una etapa para encontrarte a tí mismo, creo que he encontrado la verdad, y es que me gusta, adoro, me encanta leer libros.
Lo peor de todo es saber como lo he descubierto, con un gripazo tremendo y una tarde en El Corte Inglés con mi madre, habiéndole dicho 'Mamá, ¿me compras un libro?' Y casi pude ver el brillo en sus ojos. Me preguntó de que iba, cosa que hacía un par de días ni yo misma estaba segura. Estaba más que convencida de que los Juegos del Hambre era otra saga juvenil de fantasía en la que mezclarían un romance empalagosísimo (aquí es cuando no sé si darme la razón o no) y cuyas siguientes entregas serían de relleno y una peor tras otra.
Me equivoqué, como hice con el heavy metal. Me equivoqué, como he hecho con cosas que al principio no me gustaron y después, al volverlas a probar, me encantaron. Es lo que tiene cuando tienes gustos aún en movimiento.
Hace un par de semanas ni me habría imaginado que lo pudiera pasar tan bien dos tardes con música de BSO en mis oídos y leyendo un buen libro. Ahora me doy cuenta de todo lo que he perdido.
Eh, ¿me recomendáis otro libro?
el eterno caminante
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